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17/07/2017

CÓMICS MARVEL

Descenso a la locura

Concluye la recopilación en la Colección Extra Superhéroes de la serie del Capitán Marvel escrita por Peter David

 

Siempre se recuerda a Peter David por haber sido capaz de llevar el humor a una serie con un trasfondo trágico tan marcado como es The Incredible Hulk. Esto hace que se lo encasille como guionista cómico, cuando en realidad es mucho más versátil. Basta recordar que llamó por primera vez la atención de los fans al acabar sin miramientos con la vida de una querida aunque infrautilizada secundaria de la Franquicia Arácnida.

Tras su pulso con las altas esferas, PAD daba un cambio de rumbo a la serie protagonizada por Genis-Vell. Para narrar el descenso a la locura del Capitán Marvel, el escritor recurre a la literatura alemana. En primer lugar, se acercaba a la figura de Friedrich Nietzsche, el enfant terrible de la filosofía, quien en su obra anunciaba a gritos la muerte del Dios cristiano. Después, se permite un guiño al “Sturm und Drang” (“Tormenta e Ímpetu”), el movimiento literario del siglo XVIII, que rechazaba la tradición racionalista previa y uno de cuyos principales representantes es Johann Wolfgang von Goethe, autor, entre muchas otras obras, de Fausto.

Pese a todos esos guiños a Te quiero Lucy, a ese otro grupo que se llama como los habitantes de la luna de Saturno, a Buffy Cazavampiros, a Regreso al futuro o esa crítica nada sutil a Marville, una de las series con las que competía por la supervivencia, y todas las situaciones cómicas en las que se han visto inmersos los protagonistas, esta serie, desde su comienzo, no deja de ser la tragedia de un joven que intenta seguir los pasos de su padre. Crecer y vivir sin tu padre es duro. La sensación de abandono sobre la que se reflexiona en el primer episodio no es para nada falsa. Para más inri, lo hayas conocido o no, siempre te verás rodeado de gente que sí lo ha hecho y que tenderá a comparar, ya sea en el aspecto, en los gustos o en el carácter. Esta situación se agrava si, como en el caso de Genis, se intenta emularlo de alguna forma. Recordemos que los inicios del personaje no eran en absoluto heroicos, sino más bien una figura descarriada y hedonista, perdida entre los placeres del alcohol, las drogas y el libertinaje. Los sucesos de “Siempre Vengadores” hicieron ver el potencial del personaje, que hasta entonces no parecía existir más que para justificar el retener los derechos sobre el nombre del Capitán Marvel. En un primer momento, fue un superhéroe novato con el que el lector podía simpatizar. Después, un dios loco que despertaba antipatías.

En estas historias empieza a evidenciarse uno de los mayores males de la llamada Neomarvel, el comienzo de la etapa de Joe Quesada como Director Editorial de Marvel. Si hasta entonces el Universo Marvel se había caracterizado por ser un cosmos de ficción conectado, esas reglas saltaron por los aires cuando Kang el Conquistador hizo honor a su nombre y, tras derrotar a Los Vengadores, conquistó todo el planeta, recluyendo a la población en campos de concentración y matando a la mayor parte de los habitantes de Washington D.C., la capital estadounidense. El problema es que esto sucedió de verdad en el título de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra. No fue ni una historia imaginaria, ni un sueño, ni un What if…?, ni un Elseworlds, ni ocurrió en una Tierra alternativa. Ocurrió en el Universo Marvel y no tuvo repercusión en ni una sola de las colecciones de la editorial.

Algo similar ocurre en estas páginas. El centro neurálgico del Universo Marvel ha sido desde casi siempre Nueva York: todos sus grandes héroes operaban allí. En esto que, en el transcurso de su etapa al frente del Dios del Trueno, al guionista y dibujante Dan Jurgens se le ocurrió situar Asgard, la ciudad de los dioses nórdicos, flotando sobre la Gran Manzana, de tal forma que sus habitantes tomaron un papel más activo en los asuntos de los mortales. Se dio entonces la situación peculiar de que alguien que no siguiera la colección de Thor, pero sí las de Daredevil, Los Cuatro Fantásticos o Los Vengadores, personajes afincados en suelo neoyorquino, no se enteró de la misa la media. Sin embargo, alguien que solo siguiera el título del Capitán Marvel, un héroe cósmico, estaría al tanto de la situación, ya que David, además de hacerse eco del statu quo de los asgardianos, aprovecha las tramas de Jurgens para reflexionar sobre la divinidad, en consonancia con el comportamiento de Genis y el devenir de sus propios argumentos.

Una segunda característica de esta etapa de la editorial, que por desgracia se ha vuelto más y más frecuente, han sido los fallos de continuidad que, por ejemplo, muestran a un personaje en dos series a la vez en dos situaciones que nada tienen que ver la una con la otra. David intenta justificarlos por pequeños fallos causados cuando Marv ayudó a Entropía a recrear el universo. Es un buen intento, pero no sirve para los fallos que habrían de venir después, aunque otros autores, como Al Ewing, han intentado hacer lo mismo en tiempos más recientes.

Además de a los sucesos propios de este cosmos de ficción, la serie se permite aludir de forma indirecta a sucesos del mundo real. Es así como nos encontramos con una alegoría sobre el conflicto de Irak. Tras la invasión del país, el pueblo iraquí fue “liberado” del tirano Sadam Hussein y acabó bajo la “protección” de Estados Unidos. Una protección que daba la impresión de que no iba a terminar nunca, pues el invasor parecía querer continuar allí sine die.

En el apartado artístico, tras la marcha de ChrisCross, hay cierto baile de dibujantes. De entre todos ellos, cuyos lápices se reproducen directamente, sin entintar, destaca Ivan Reis, antes de que se fuera a pastos cósmicos más verdes, a debatirse entre la luminosidad del día y la oscuridad de la noche.

Aunque si hay un dibujante que tenga relevancia es Keith Giffen, cocreador de La Liga de la Justicia Internacional, que se encarga del último número. En efecto, las ventas mandaron y Peter David tuvo que claudicar y afrontar el cierre de la serie. Lo hizo en un número metaliterario, en el que se permitió incluso hacer un guiño a los Eternos. A los de Kirby no, a los otros. Posteriormente, Giffen tomaría el relevo de Jim Starlin en la serie de Thanos y daría inicio a la moderna Marvel cósmica con “Aniquilación”. Para ello, recurrió a algunos de los personajes y situaciones planteados por David en su Captain Marvel, que continuaron siendo relevantes cuando Dan Abnett y Andy Lanning se hicieron con las riendas.

Al final, en las páginas de los Thunderbolts, Genis-Vell se libró de tomar su decisión más difícil, y su importancia en el Universo Marvel fue mayor que ser un ganso.

Bruno Orive

El tomo 71 de la Colección Extra Superhéroes, Capitán Marvel 4. Odisea, ya está a la venta.

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